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Viajar a Turquía y recuperar el pelo que tenía a los 17

¿Tú por qué no ligas? Si a los 17 te las llevabas a todas... Cosas que pasan... es cosa de rachas Y que antes tenías pelo En esa conversación de un sábado por la noche con un gintonic (o varios) de por medio, mientras tu amigo se ríe a tu costa, a ti se te queda una cara parecida al emoticono de WhatsApp que arquea una ceja como con desprecio. Esa misma que pones cuando vas al pueblo y alguien que lleva años sin verte te echa el pelo para atrás y te dice «tú te vas a quedar como tu padre», antes de soltar una carcajada o, lo que es peor, de darte una palmada en la espalda para que apruebes su chiste. Mientras se ríe, tú piensas «pues no le veo la gracia...». Y se sigue riendo, pero, repito... no, no es gracioso. Y es que si empiezas a notar que la azotea está cada menos menos poblada tienes dos formas de verlo. La primera viene siendo clara: aguantarse, fastidiarse u otro verbo que suena peor pero que define mucho mejor la situación. La segunda es intentar solucionar el problema (si es que para ti supone un problema), aunque para eso hay que atreverse, ahorrar un poco y, casi lo más importante, dejar a un lado los complejos. Suena irónico pero es así, para superar el complejo que tienes de quedarte calvo tienes que asumir uno más grande, la vergüenza que te da que sepan que te has hecho un injerto. Yo conseguí dejar de lado esos complejos y dentro de un par de días me someteré a un injerto en la clínica del Dr. Serkan Aygin, en Estambul. Y aquí abajo os lo cuento, pero no tengáis prisa, que esto va para largo, que esto va a durar un año... no perdí el pelo en tres días, pero tampoco lo voy a recuperar chasqueando los dedos. La decisión Una vez que te lo has pensado dos veces (... y tres... y cuatro...) y que has conseguido dejar de lado los complejos, te pones a mirar y a buscar por internet. Al principio todo es saturación. Mucha clínica, mucha palabra que no entiendes y algún que otro sitio que te gusta... hasta que ves el precio. Otra vez a buscar. Así te tirarás días o semanas, según el tiempo libre que tengas para navegar por internet y según lo que te preocupe el tema, porque, hay que ser realistas, tu calva puede ser grande pero tu cartera no tiene por qué serlo. Y de primeras te echarás para atrás. En ese momento valorarás una opción en la que de primeras no habías pensado: Turquía. No suena bien al principio, no da confianza (todos tenemos prejuicios) y encima está lejos, pero cuando empiezas a mirar la cosa cambia. Y no solo en lo económico. Cuando te informas te das cuenta de que nada te garantiza que en España vaya a salir mejor que allí: el sistema es el mismo, los medios también y la cualificación es incluso mejor. Te sorprenderás al saber que Turquía es potencia mundial en esto de los injertos. ¿Qué clínica? Lo difícil será elegir la clínica. Al final será casi echar una moneda al aire porque te será difícil diferenciar las opiniones reales de las que son puro marketing. Incluso verás gente que cuenta su experiencia y que se quedan por el camino. Que se les ve poco el pelo, vamos, y eso no es que dé mucha esperanza con el tema que estamos tratando. Como he dicho, yo elegí la clínica del Dr. Serkan Aygin. Buceé por internet, vi que era un señor conocido, que había dado muchas charlas en congresos sobre injertos y las fotografías que vi de la clínica me inspiraron confianza. Las referencias que consulté me parecieron buenas y los casos que me enviaron parecían reales. Me puse en contacto con ellos y me pidieron que les enviara algunas fotos mías, similares a estas de abajo que ellos mismos me facilitaron: una de frente, una cenital y varios perfiles. Lo primero que se me vino a la cabeza fue lo mismo que a ti ahora mismo: si acabo así, firmo ya. Así que con ese pensamiento me hice las fotos luciendo bien mis entradas (un drama), las envié y unos días después tenía la respuesta. El doctor había estudiado mi caso y era apto para el trasplante. Esa fue la buena noticia. La mala, que no iba a ser tan barato como esperaba: 3.090 euros, aunque eso incluía el avión, tres noches en un hotel de cuatro estrellas en Estambul, los traslados del aeropuerto al hotel y del hotel a la clínica, traductores a mi servicio durante mi estancia en Turquía y un servicio de post operatorio al volver a Madrid. Y la operación, claro, con el método FUE (ya os contaré más adelante en qué consiste). Lo pensé algunos días y lo consulté con mi cuenta corriente un par de veces (o diez). Acabé viendo que no era tan caro, así que les di el OK. Me tramitaron los billetes, me dieron cita y mañana estaré en Estambul comiéndome un kebab. Os seguiré contando…

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