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¿Te apetece preparar unos tigres? Aprende todo de este clásico aperitivo

Si te gustan los mejillones y la bechamel, seguramente uno de los aperitivos que no pasa desapercibido para ti son los tigres. En realidad, podríamos definirlos como una suerte de croquetas de mejillones que se sirven en la propia concha del molusco. Aunque este aperitivo es especialmente común en la zona de Galicia, donde casi todos los bares y restaurantes lo sirven como tapa, en general es un plato que es habitual ver en casi toda España durante el verano.

Sencillo en apariencia y materia prima, pero ligeramente laborioso en su fondo, es común que esto nos lleve a caer en la tentación de comprarlos ya elaborados, definitivamente lo más cómodo y práctico aunque menos saludable. En cualquier caso, es probable que te apetezca probarlos en su versión más casera, donde no solo cuidaremos el punto de sabor, sino que podremos controlar la calidad del mejillón, uno de los moluscos más nutritivos que hay que sin duda definen la calidad y gusto de este aperitivo. Por que si quieres dominar la técnica de los tigres, pon mucho atención a la receta que te detallamos a continuación.

La paciencia es una virtud en la cocina

Lo cierto es que no es un plato excesivamente complejo, pero sí laborioso y que, sin duda, merece la pena. Por lo tanto, a la lista de ingredientes que reseñamos a continuación, no olvides añadir la paciencia. Dicho esto, vamos allá.

Ingredientes:

1 kilo de mejillones

100 gramos de langostinos pelados

Media cebolla

1 pimienta cayena

2 cucharadas de tomate frito

Harina

1 vaso de leche

2 huevos

Pan rallado

Preparación:

Una vez con todos los ingredientes en nuestro haber, toca ceñirnos el delantal y encarar la labor de su preparación. En primer lugar, limpiamos los mejillones. Es muy probable que estés ya versado en ello, pero si es tu primera vez, aquí van las pautas. Necesitaremos un cuchillo liso con el que frotaremos la superficie de las conchas hasta retirar todas las impurezas. Debemos tirar con energía de las barbas a fin de lograr desprenderlas. Limpiamos bajo el chorro de agua fría y los introducimos en una cazuela ancha y no demasiado alta. Colocamos un dedo de agua y la ponemos al fuego bastante elevado durante aproximadamente unos cinco minutos que es, más o menos, el tiempo que tardarán en abrirse. Si observamos que alguno no lo lo hace, lo más probable es que haya muerto antes de su cocinado y, por lo tanto, convendría desecharlo por seguridad.

Concluido este paso, vamos sacando la carne de los mejillones. También hemos de seleccionar aquellas cáscaras que sean más vistosas y grandes. Al menos deberíamos conservar la mitad, el resto podemos desecharlas. Es conveniente lavarlas bien.

Mientras tanto, en una sartén grande, colocamos a pochar la cebolla muy picadita. Añadimos un poco de aceite, una pizca de sal y la pimienta cayena desmenuzada. También nos vamos ocupando de los langostinos y los mejillones, pues es preciso ir picándolos. Podemos valernos de una trituradora para que queden muy troceados.

Necesitaremos un cuchillo liso con el que frotaremos la superficie de las conchas

Cuando la cebolla esté lista, añadimos los langostinos que ya hemos picado y los sofreímos junto con la cebolla durante un minuto. Después añadimos los mejillones y cocinamos otro minuto más. Por último, añadimos una pizca de sal y la salsa de tomate, mezclamos bien y retiramos del fuego.

Por supuesto, no hemos acabado. Todavía nos queda algo de recorrido para tener concluida esta rica tapa. En concreto, tenemos pendiente preparar la bechamel que ha de quedar libre de grumos para no arruinar nuestro estupendo plato. ¿Cómo hacerla? No tiene misterio. Para elaborarla, agregamos una cucharada de aceite de oliva en un cazo. Una vez caliente, incorporamos dos cucharadas de harina. Necesitaremos unas varillas para ir dándole vueltas hasta que se cocine. Añadimos un poco de leche y removemos enérgicamente hasta que se absorba. Volvemos a añadir más leche y removemos. De esta manera, evitaremos que se formen grumos. En cualquier caso, es importante que sin llegar a retirar del fuego, que debe estar al medio, vayamos removiendo constantemente. Cuando veamos que está lista, salamos y la agregamos a los mejillones. Lo mezclamos todo y dejamos que se enfríe unos minutos. De lo contrario nos costará mucho manejarla.

Nos queda, por así decirlo, el emplatado; es decir, la colocación dentro de las conchas. Necesitamos una cuchara con la que iremos rellenando las conchas con la masa que hemos elaborado con tanto mimo. El relleno ha de sobresalir un poco por arriba, pero tampoco en exceso. Aguardamos a que se enfríen a temperatura ambiente y luego las metemos en la nevera durante unas dos horas. Así, lograremos que se endurezcan bien.

Foto: iStock.Foto: iStock.Foto: iStock.

Pero no hemos terminado todavía, a los ansiosos todavía les resta un último paso: rebozar los tigres. En concreto, necesitamos pasarlos por harina, huevo batido y pan rallado. Una vez preparado este rebozado, los freímos en aceite bien caliente. Un truco muy importante para lograr un resultado fetén es que el el tigre quede completamente anegado de aceite, pues así evitaremos que la masa se salga y se desprenda. Cuando observemos que están listos, los sacamos del fuego y los dejamos sobre un papel de cocina para que paulatinamente vayan escurriendo.

Poco más, nuestra paciencia se verá recompensada con un sabroso bocado que sabrá a gloria marina.



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